Las comparaciones son odiosas, los
contextos son diferentes y no se trata de juzgar las acciones del creyente de
hoy; pero debería pensarse, en qué tan dispuesto está el cristiano
contemporáneo a defender su fe.
Hemos utilizado un término bastante
coloquial y conocido en la cultura de Latino América; desde Méjico hasta la
Patagonia, entendemos que ponerse los calzones por algo implica defender ese algo
con todo, no importa lo que sea.
En
la Biblia se nos invita a hacer una digna defensa del Evangelio y de quien lo
protagoniza. “A cualquiera, pues,
que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi
Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los
hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos“(Mateo
10:32,33).
La reflexión
de hoy está basada en uno de tantos versos que hablan de esto; la defensa
que hizo Daniel, Esteban, Pablo y muchos otros. Cuando Daniel fue recriminado
por el rey por no inclinarse a su ídolo, su respuesta fue: “Este no es un tema
en discusión” y algo así hicieron también los demás.
Queriendo dar el rey una oportunidad a
Daniel y las acusaciones que afrontaba, ellos no lo pensaron dos veces. Serían
fieles a Dios y no se inclinarían delante de los ídolos; vale la pena pensar en
la cantidad de ídolos que rodea la vida del hombre actual incluyendo a los
creyentes.
El estudio, el trabajo, el dinero, el
cónyuge, los hijos o los padres; hay tanta forma de idolatría y no solo se
remite a la religión con sus bustos de yeso o madera. En los tiempos de Daniel,
el no inclinarse a los ídolos paganos tenía un costo: la vida.
Formas de muerte tan grotescas, que en
el caso de Daniel los soldados babilónicos que los arrojaron al horno de fuego
murieron al hacerlo. No hubo que pensarlo dos veces para rehusarse a hacer lo que
aún hoy es pecado; negar al Dios vivo y su Hijo.
La comodidad que hoy se vive, hace que
los ídolos pululen en nuestras vidas sin ser reconocidos como tales, la
persecución es tan mínima en la mayoría de la tierra, que ninguno de los que se
llaman cristianos hoy día se ve en la necesidad de defender su fe.
Dios es fiel, nosotros no y
definitivamente debemos reflexionar,
si estamos dispuestos a “ponernos los calzones” para defender lo que decimos
ser. Qué clase de creyentes somos, de aquellos que la defendemos con nuestra
vida o sólo nos ajustamos al entorno para no ser excluidos.
REFLEXION: Defender nuestra fe no es
materia de discusión!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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