martes, 11 de septiembre de 2018

EL NOMBRE


Cada uno de los seres humanos se distingue por su nombre; uno tan propio que  aún en el caso de un homónimo existe forma de diferenciarse. Durante el proceso de la creación el Señor lo hizo con Adán, y luego le dio la tarea de asignar uno a cada miembro del reino animal y vegetal.
Hoy y luego de cientos de años, los científicos como descendientes directos del primer hombre, lo siguen haciendo en las especies de ambos reinos que todavía no han sido clasificadas y la tarea sigue.
El verso que nos inspira hoy en lo que tiene que ver con los nombres, habla de uno en especial, el más importante. Muchas son las referencias bíblicas, nos remitimos a una en especial del Nuevo Testamento y en la que el mismo Dios reitera su importancia.
Lo hizo con Moisés cuando se iba a presentar delante del pueblo “Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros” (Éxodo 3:14) y lo vuelve a hacer en el Nuevo con los judíos religiosos “porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24).

Es de recalcar la importancia en todos los contextos en los que se menciona Su nombre, pero de manera especial en éstos dos. Primero por que se da a conocer a un pueblo que en teoría sabia de Él como descendientes de Abraham, pero ya no lo reconocía como su Dios.
Primaban las angustias propias de la esclavitud y ni siquiera recordaban todo lo que había hecho José. Por otra parte y en el Nuevo Testamento, lo usa Jesús de Nazaret para ubicarse en el contexto bíblico, pero tampoco le reconocieron.
Todo orientado a dos cosas, primero darse a conocer como el Mesías y segundo mostrar de parte de quién venía. Los profetas hablaron de la importancia de “Yo soy”, para a través de ese nombre ser salvos.
Es claro que morirán en sus pecados los que no le reconocen, pero el hombre sigue empecinado en vivir en función de una religión, como en tiempos de Jesús, le da más importancia a la ley que a la Gracia. Dura cosa es caer en manos del Dios viviente dice la Biblia y esto es lo que sucederá con los que no le acepten.
El tema es tan sencillo como complejo, una simple decisión media en todo esto y es tan fácil que la gente no lo hace.
REFLEXIÓN: Si no reconocemos a Jesús, menos lo haremos con Dios!
REFLEXIÓN QUE  CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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