La vida del hombre,
transcurre en medio de una serie altibajos que no siempre se reciben de la
mejor manera. Obviamente las cosas que lucen bien se reciben con alegría; pero
valdría la pena revisar si éstas que parecen buenas, lo son en realidad o no.
Un ejemplo claro de estas, lo
encontramos en aquellos que a través del azar logran el premio gordo de la
lotería. Lo normal es que después de llevar una vida común; de vivir con lo
justo, en necesidad o hasta en la inopia, al surgir otra llena de excesos esto
termine en desgracia.
Es apenas obvio que cuando
no se ha tenido, tampoco se cuenta con la experiencia y sabiduría para
administrar el exceso. Viajes, alcohol, fiestas, drogas, sexo y otros tantos
exabruptos que llevan nuevamente a una condición miserable y peor que la
inicial.
Pero dejando de lado estos
casos puntuales y tan dicientes, queremos concentrarnos en lo rutinario y en el
día a día de la vida. Muchas cosas que en principio no parecen buenas para
nosotros, son puestas en el camino por Dios para edificarnos.
En otras ocasiones y en
otro contexto, hemos reflexionado
sobre condiciones de enfermedad, falta de trabajo, escases en todo sentido y
hasta la pérdida de la libertad. Si miramos a nuestro alrededor, encontraremos
que normalmente hay otros con muchas más necesidades que nosotros.
Nos concentramos tanto en lo
que vemos como problema y se lo entregamos tan poco a Dios, que no dimensionamos
la importancia de la necesidad del vecino. Tal vez hoy no haya mantequilla en
su mesa, pero en la casa de al lado no hay ni siquiera el pan.
Tal vez falte la salud
necesaria para sentarse a la mesa cuando hay tanto el pan como la mantequilla;
pero nuestro prójimo ignorado ni siquiera amaneció. Ya el vecino no está, y que
bueno sería dejar ese egoísmo que no nos deja ver al de al lado.
Lo que debe quedar claro
para usted apreciado lector, es la importancia de cambiar de óptica frente a
eso que luce como algo malo para usted. Las que parecen vicisitudes, en Dios
siempre son bendiciones “para que sometida a prueba
vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba
con fuego, sea hallada en
alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro
1:7).
A participar con alegría en
la escuela de formación de Dios y así suene incoherente, a gozarse en lo que
parece malo, por que allí aprenderá lo necesario para ese futuro eterno con
Dios. El Señor no recibe a neófitos, lo hace con aquellos que han sido
tratados, renovados y edificados por Él.
REFLEXIÓN: Que la tristeza
de la prueba, sea reemplazada por el gozo de la graduación!
REFLEXIÓN
QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN
REINA-VALERA 1.960 –
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