martes, 7 de agosto de 2018

LA ESCUELA


La vida del hombre, transcurre en medio de una serie altibajos que no siempre se reciben de la mejor manera. Obviamente las cosas que lucen bien se reciben con alegría; pero valdría la pena revisar si éstas que parecen buenas, lo son en realidad o no.
Un ejemplo claro de estas, lo encontramos en aquellos que a través del azar logran el premio gordo de la lotería. Lo normal es que después de llevar una vida común; de vivir con lo justo, en necesidad o hasta en la inopia, al surgir otra llena de excesos esto termine en desgracia.
Es apenas obvio que cuando no se ha tenido, tampoco se cuenta con la experiencia y sabiduría para administrar el exceso. Viajes, alcohol, fiestas, drogas, sexo y otros tantos exabruptos que llevan nuevamente a una condición miserable y peor que la inicial.
Pero dejando de lado estos casos puntuales y tan dicientes, queremos concentrarnos en lo rutinario y en el día a día de la vida. Muchas cosas que en principio no parecen buenas para nosotros, son puestas en el camino por Dios para edificarnos.

En otras ocasiones y en otro contexto, hemos reflexionado sobre condiciones de enfermedad, falta de trabajo, escases en todo sentido y hasta la pérdida de la libertad. Si miramos a nuestro alrededor, encontraremos que normalmente hay otros con muchas más necesidades que nosotros.
Nos concentramos tanto en lo que vemos como problema y se lo entregamos tan poco a Dios, que no dimensionamos la importancia de la necesidad del vecino. Tal vez hoy no haya mantequilla en su mesa, pero en la casa de al lado no hay ni siquiera el pan.
Tal vez falte la salud necesaria para sentarse a la mesa cuando hay tanto el pan como la mantequilla; pero nuestro prójimo ignorado ni siquiera amaneció. Ya el vecino no está, y que bueno sería dejar ese egoísmo que no nos deja ver al de al lado.
Lo que debe quedar claro para usted apreciado lector, es la importancia de cambiar de óptica frente a eso que luce como algo malo para usted. Las que parecen vicisitudes, en Dios siempre son bendiciones “para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7).
A participar con alegría en la escuela de formación de Dios y así suene incoherente, a gozarse en lo que parece malo, por que allí aprenderá lo necesario para ese futuro eterno con Dios. El Señor no recibe a neófitos, lo hace con aquellos que han sido tratados, renovados y edificados por Él.
REFLEXIÓN: Que la tristeza de la prueba, sea reemplazada por el gozo de la graduación!
REFLEXIÓN QUE  CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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