Hoy y siempre se ha hablado de paz en
el mundo y por supuesto sin contemplar la palabra de Dios. El asunto es tan
evidente, que a lo largo de unos cinco mil años de historia de la humanidad,
hay registradas unas quince mil guerras y en este lapso de tiempo, sólo
se puede hablar a lo sumo de unos trecientos años de paz relativa.
Esto sin tener en cuenta los conflictos
internos de cada país o de las grandes diferencias que marcan aún la vida en
países como Estados Unidos; en donde a pesar de haberse abolido la esclavitud y
hablarse de no discriminación racial, es tan palpable y actual como en los siglos
anteriores.
Se aparenta algo que no es y se hace alarde de ser la tierra de la libertad. No obstante es uno de los sitios donde
más esclavitud de vive; racial, financiera, laboral, sexual, del
alcohol, las drogas y otras que no mencionamos, pero que ahí están.
Para remitirnos al tema que nos ocupa,
debemos decir que por donde quiera que miremos hay conflictos. que aunque no
hayan sido declarados como tal, existen y generan todo un traumatismo en la
vida cotidiana.
Hay guerra en todos los continentes;
basta con mirar a Siria y quienes son los que están detrás de esta guerra. El
hecho de que las bombas no estén estallando en nuestros patios, no quiere
decir que no seamos parte de ellas.
En el continente americano tenemos conflictos
en Nicaragua, Honduras, Guatemala, Venezuela y un Colombia que lucha por
sustraerse de la guerra, pero con oscuros tentáculos que quieren prolongarla.
La guerra es un negocio así como todas
las formas de muerte. Las mafias trafican con seres humanos, drogas, armas y
toda clase de “inventos”; pero que no son más que una
burda imitación de algo que ya existía en el mundo para bien.
Encontramos la creación de Dios y diseñada originalmente para
bendición a la humanidad; pero convertida en maldición por el pecado desde los primeros seres
humanos y que dieron origen al primer conflicto entre hermanos.
Si el mundo dimensionara las palabras del Señor en la Biblia cuando habla de la paz, no tardaría en
empezar por admitir su necesidad de Cristo y encontrar la
paz interior.
Sólo
Jesús tiene el poder de restaurarla en cada ser humano y
proyectarlo para la eternidad. Muchos hablaran de paz, pero: “…ahora
en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos
cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz“(Efesios
2:13,14).
La
paz comienza por Él y sólo cuando Él reine en usted podrá pensar en ella “…los mansos
heredarán la tierra, Y se recrearán con abundancia de paz.” (Salmos 37:11)
REFLEXIÓN:
Siempre se ha hablado de paz, pero nunca ha existido!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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