martes, 21 de agosto de 2018

DEPENDIENDO


La fe que depende de las circunstancias no es fe, así como el amor que solo está en lo bueno no lo es. Si sólo creemos al ver, sería mejor no ver, pero poder creer primero; esta debería ser la máxima de la Iglesia de hoy.
En tiempos antiguos con el pueblo de Israel, se daban situaciones de creer y desconfiar. Se había convertido en un círculo vicioso, en el que Dios mismo tenía que suplir una evidencia para que el pueblo dijera: Creemos.
Cuando el pueblo estaba esclavizado en Egipto, estaba tan acostumbrados a su circunstancia que no puso atención a lo que les traía Moisés y son muchos los ejemplos a citar como prueba de esa falta de fe.
El tratamiento de Dios para el rey egipcio, era sólo una parte de Su propósito en este tiempo; tal vez la parte más importante, era formar un principio de dependencia en este pueblo alejado de la fe de Abraham su mentor.
A éste patriarca se le llamo amigo de Dios por su fe y ya no había nada de ésta en tiempos de Egipto; tal vez eran más esclavos de su incredulidad que de ese rey. Si el faraón de ese entonces ya no sabía de todo lo hizo José por su pueblo (Egipto), con más tristeza debemos reconocer que el mismo pueblo judío tampoco.
Ellos llegaron a Egipto como un pequeño grupo de setenta personas y para ese entonces ya eran miles que salieron de allí por la mano Todopoderosa del Señor. Cuando encontramos una fe fluctuante como la de ellos frente a tantas muestras de poder, quisiéramos saber qué ocurre con nuestra fe sin haber visto lo que ellos vieron.
Es una ecuación en la que los factores simplemente cambian de lugar, pero sigue siendo el mismo resultado. Ver para creer o creer para ver esa es la cuestión, y cuando vemos cómo funciona el mundo en un “ver para creer”, la dispensación de la iglesia de Cristo cobra un valor agregado.
Cualquiera cree después de ver, pero muy pocos creen para ver y eso es lo que espera Dios de nosotros. Una fe que no sólo se manifieste por momentos como pasaba con Israel; sino que se establezca y crezca al punto de llevar a otros a creer también.

No sé qué clase de fe vive usted, si es aquella que fluctúa dependiendo de las bendiciones, o que crece a medida que Dios no permite lo que le pide Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” (Hebreos 10:23). Necesitamos de aquella que se fortalece en nosotros y afirma a otros en la que medida en que aprende a esperar en lo que no se ve o se palpa.
REFLEXIÓN: Dios quiere que su fe traspase el límite de lo visible!
REFLEXIÓN QUE  CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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