La fe que depende de las
circunstancias no es fe, así como el amor que solo está en lo bueno no lo es. Si
sólo creemos al ver, sería mejor no ver, pero poder creer primero; esta debería
ser la máxima de la Iglesia de hoy.
En tiempos antiguos con el pueblo de
Israel, se daban situaciones de creer y desconfiar. Se había convertido en un círculo
vicioso, en el que Dios mismo tenía que suplir una evidencia para que el pueblo
dijera: Creemos.
Cuando el pueblo estaba esclavizado en
Egipto, estaba tan acostumbrados a su circunstancia que no puso atención a lo
que les traía Moisés y son muchos los ejemplos a citar como prueba de esa falta
de fe.
El tratamiento de Dios para el rey
egipcio, era sólo una parte de Su propósito en este tiempo; tal vez la parte
más importante, era formar un principio de dependencia en este pueblo alejado
de la fe de Abraham su mentor.
A éste patriarca se le llamo amigo de
Dios por su fe y ya no había nada de ésta en tiempos de Egipto; tal vez eran
más esclavos de su incredulidad que de ese rey. Si el faraón de ese entonces ya
no sabía de todo lo hizo José por su pueblo (Egipto), con más tristeza debemos
reconocer que el mismo pueblo judío tampoco.
Ellos llegaron a Egipto como un
pequeño grupo de setenta personas y para ese entonces ya eran miles que salieron
de allí por la mano Todopoderosa del Señor. Cuando encontramos una fe
fluctuante como la de ellos frente a tantas muestras de poder, quisiéramos
saber qué ocurre con nuestra fe sin haber visto lo que ellos vieron.
Es una ecuación en la que los factores
simplemente cambian de lugar, pero sigue siendo el mismo resultado. Ver para
creer o creer para ver esa es la cuestión, y cuando vemos cómo funciona el
mundo en un “ver para creer”, la dispensación de la iglesia de Cristo cobra un
valor agregado.
Cualquiera cree después de ver, pero
muy pocos creen para ver y eso es lo que espera Dios de nosotros. Una fe que no
sólo se manifieste por momentos como pasaba con Israel; sino que se establezca
y crezca al punto de llevar a otros a creer también.
No sé qué clase de fe vive usted, si
es aquella que fluctúa dependiendo de las bendiciones, o que crece a medida que
Dios no permite lo que le pide Mantengamos firme,
sin fluctuar, la profesión de
nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” (Hebreos 10:23). Necesitamos
de aquella que se fortalece en nosotros y afirma a otros en la que medida en
que aprende a esperar en lo que no se ve o se palpa.
REFLEXIÓN: Dios quiere que su fe
traspase el límite de lo visible!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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