viernes, 24 de agosto de 2018

DE PREOCUPARSE


Cuando nos topamos en la lectura bíblica con un verso como el que nos acompaña hoy, en mi caso me lleva a otro en el que debemos sentir temor y temblor. Por estos días comentamos sobre la gran responsabilidad que le acude al creyente, conocedor de la Palabra, para el que sería mejor no haberla conocido a saberla y no vivirla Porque él pagará al hombre según su obra, y le retribuirá conforme a su camino” (Job 34:11).

Personalmente siento y de manera literal un gran temor, aunque la Biblia dice que “el perfecto amor echa fuera todo temor”, no creo estar saliéndome de sus parámetros, al tratar de dimensionar en su debida magnitud la responsabilidad que Dios me ha dado.

Lo digo por mí, por que el señor Jesús debe ser mi modelo de vida y no el que está a mi lado; tampoco lo digo por el hermano que se llama creyente, que miente deliberadamente o está en fornicación. El asunto es conmigo, y lo siento como si no fuera parte de esta humanidad caída, de la que se espera un cambio y la búsqueda de santidad.

Mi sentir es de verdadero pesar, cuando veo que mis miembros fallan queriendo hacer lo bueno; tal y como lo describe Pablo en Romanos Miserable de mí. ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24).

No se trata de auto flagelarme, es un reconocer lo alto que está el señor Jesús y lo bajo que estoy. La evidente superioridad del Salvador, la poca cosa que soy; o lo Santo, Santo, Santo que Él es y lo pecador que soy yo.

El asunto no es fácil si somos realistas, frente a la verdad que nos acompaña y lo poco agradables que somos a Dios sin Jesús. Sólo me acompaña la esperanza bíblica de ser justificados por la Cruz y que el Padre hoy me mira a través del sacrificio expiatorio de su Hijo.

Hace tiempo comentaba cómo el Señor me rescato de la muerte física y espiritual, y que de no ser por Él, yo estaría en el infierno como tristemente lo están muchos de mis amigos y colegas. Es difícil entender esa calidad de Dios para nosotros y lo poco tolerantes que somos con el prójimo a quien nos manda a amar como a nosotros mismos.

Pero regresando al verso que nos inspira, sé que cualquiera que sea la paga que Dios tenga para mí, aún en un severo castigo, lo recibiré con gusto por que viene de alguien perfectamente justo. David dijo un día frente su pecado: “Prefiero caer en manos del Dios vivo que en manos de hombres”.

Tengo la seguridad de que si Dios me disciplina, es por que me ama y no importa lo que venga de Él y con El en el futuro eterno, será lo mejor mí. Esta certeza de ser tratado por el Señor, me hace vivir con seguridad el día a día.

REFLEXIÓN: Aún lo más terrible de Dios será lo mejor para mi!

REFLEXIÓN QUE  CAMBIA!

- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –

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