Cuando nos topamos en la lectura
bíblica con un verso como el que nos acompaña hoy, en mi caso me lleva a otro
en el que debemos sentir temor y temblor. Por estos días comentamos sobre la
gran responsabilidad que le acude al creyente, conocedor de la Palabra, para el
que sería mejor no haberla conocido a saberla y no vivirla “Porque él pagará al hombre según su
obra, y le retribuirá conforme a su camino” (Job
34:11).
Personalmente siento y
de manera literal un gran temor, aunque la Biblia dice que “el perfecto amor
echa fuera todo temor”, no creo estar saliéndome de sus parámetros, al tratar
de dimensionar en su debida magnitud la responsabilidad que Dios me ha dado.
Lo digo por mí, por
que el señor Jesús debe ser mi modelo de vida y no el que está a mi lado;
tampoco lo digo por el hermano que se llama creyente, que miente
deliberadamente o está en fornicación. El asunto es conmigo, y lo siento como
si no fuera parte de esta humanidad caída, de la que se espera un cambio y la búsqueda
de santidad.
Mi sentir es de
verdadero pesar, cuando veo que mis miembros fallan queriendo hacer lo bueno;
tal y como lo describe Pablo en Romanos “Miserable
de mí. ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos
7:24).
No se trata de auto flagelarme,
es un reconocer lo alto que está el señor Jesús y lo bajo que estoy. La evidente
superioridad del Salvador, la poca cosa que soy; o lo Santo, Santo, Santo que
Él es y lo pecador que soy yo.
El asunto no es fácil
si somos realistas, frente a la verdad que nos acompaña y lo poco agradables
que somos a Dios sin Jesús. Sólo me acompaña la esperanza bíblica de ser
justificados por la Cruz y que el Padre hoy me mira a través del sacrificio
expiatorio de su Hijo.
Hace tiempo comentaba
cómo el Señor me rescato de la muerte física y espiritual, y que de no ser por
Él, yo estaría en el infierno como tristemente lo están muchos de mis amigos y
colegas. Es difícil entender esa calidad de Dios para nosotros y lo poco
tolerantes que somos con el prójimo a quien nos manda a amar como a nosotros
mismos.
Pero regresando al
verso que nos inspira, sé que cualquiera que sea la paga que Dios tenga para mí,
aún en un severo castigo, lo recibiré con gusto por que viene de alguien perfectamente
justo. David dijo un día frente su pecado: “Prefiero caer en manos del Dios
vivo que en manos de hombres”.
Tengo la seguridad de
que si Dios me disciplina, es por que me ama y no importa lo que venga de Él y
con El en el futuro eterno, será lo mejor mí. Esta certeza de ser tratado por
el Señor, me hace vivir con seguridad el día a día.
REFLEXIÓN: Aún lo más
terrible de Dios será lo mejor para mi!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
¡COMPARTA DE GRACIA, LO
QUE DE GRACIA RECIBE!
Síganos
en Twitter:
@ReflexionBi