martes, 17 de julio de 2018

QUÉ TAL ES


En el mundo encontramos tristemente personas dispuestas a seguir cualquier cosa y como pasa en las grandes ciudades hay gente para todo. La ciudad ofrece muchas opciones de recreación; el restaurante, el cine, el parque, el teatro, el concierto y no hay literalmente hablando, alguien que se quede sin programa.
Algo similar ocurre con la fe que se deposita en muchas ideas, filosofías o creencias y como en el ejemplo de atrás, hay gente para todo. Con mucha tristeza y como cristianos debemos decir que la gran mayoría, no la ha puesto en el Dios de la Biblia.
Las personas andan tan inmersas en esta vida, que el mensaje de Cristo se ha convertido en algo rutinario y hasta en una religión; al fin y al cabo hay gente para todo. La combinación de trabajo o estudio, comida, recreación, descanso y otros, se ha convertido en el diario vivir de la gran mayoría  excluyendo a Dios de sus vidas.
La situación del creyente no está lejos de esto y aunque en el mejor de los casos incluye la iglesia en parte de su rutina; tenemos que decir que cuando las cosas del mundo faltan, aparecen como parte de sus motivos de oración.
Los púlpitos se han convertido en trampolín de estas intenciones y vemos al creyente promedio, acomodado con una fe igualmente cómoda, pidiendo por esa comodidad perdida y no por algo básico para su vida como la santidad.
La reflexión de hoy quiere llevar al lector, a evaluar su vida y propósitos con unas preguntas básicas. Qué tal es su fe al momento de faltar ese entorno de comodidad?. Como cosas ofrecidas por Dios como añadidura repetimos, qué tal es su fe cuando éstas no están?.
Es su fe tan fuerte en el tratamiento de Dios para usted, como lo es en tiempos de confort?  Está esa fe presente con la misma fuerza en los casos de adversidad como cuando nada falta.
Cuando todo está bien, todo igualmente fluye, cuando todo marcha de acuerdo a nuestros deseos y hemos dejado a Dios fuera de la ecuación, ni siquiera necesitamos de ella. Sólo se reconoce la fe como tal cuando Dios nos trata, y vemos allá al final, que lo que Él permite es más valioso que ese bienestar.

Es de suma importancia, que miremos a nuestro interior y determinar si somos de aquellos que estamos dispuestos a crecer para Dios o seguir inmersos en la cómoda rutina del mundo, con una fe raquítica que no nos deja estar listos para nuestro futuro eterno.
Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación” (Habacuc 3:17,18)
REFLEXIÓN: La fortaleza de la fe se dimensiona en el tratamiento de Dios!
REFLEXIÓN QUE  CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
¡COMPARTA DE GRACIA, LO QUE DE GRACIA RECIBE!
Síganos en Twitter:  @ReflexionBi