En el mundo encontramos tristemente
personas dispuestas a seguir cualquier cosa y como pasa en las grandes ciudades
hay gente para todo. La ciudad ofrece muchas opciones de recreación; el
restaurante, el cine, el parque, el teatro, el concierto y no hay literalmente
hablando, alguien que se quede sin programa.
Algo similar ocurre con la fe que se
deposita en muchas ideas, filosofías o creencias y como en el ejemplo de atrás,
hay gente para todo. Con mucha tristeza y como cristianos debemos decir que la
gran mayoría, no la ha puesto en el Dios de la Biblia.
Las personas andan tan inmersas en
esta vida, que el mensaje de Cristo se ha convertido en algo rutinario y hasta en
una religión; al fin y al cabo hay gente para todo. La combinación de trabajo o
estudio, comida, recreación, descanso y otros, se ha convertido en el diario
vivir de la gran mayoría excluyendo a Dios
de sus vidas.
La situación del creyente no está lejos
de esto y aunque en el mejor de los casos incluye la iglesia en parte de su
rutina; tenemos que decir que cuando las cosas del mundo faltan, aparecen como
parte de sus motivos de oración.
Los púlpitos se han convertido en
trampolín de estas intenciones y vemos al creyente promedio, acomodado con una
fe igualmente cómoda, pidiendo por esa comodidad perdida y no por algo básico para
su vida como la santidad.
La reflexión
de hoy quiere llevar al lector, a evaluar su vida y propósitos con unas
preguntas básicas. Qué tal es su fe al momento de faltar ese entorno de
comodidad?. Como cosas ofrecidas por Dios como añadidura repetimos, qué tal es
su fe cuando éstas no están?.
Es su fe tan fuerte en el tratamiento
de Dios para usted, como lo es en tiempos de confort? Está esa fe presente con la misma fuerza en
los casos de adversidad como cuando nada falta.
Cuando todo está bien, todo igualmente
fluye, cuando todo marcha de acuerdo a nuestros deseos y hemos dejado a Dios
fuera de la ecuación, ni siquiera necesitamos de ella. Sólo se reconoce la fe
como tal cuando Dios nos trata, y vemos allá al final, que lo que Él permite es
más valioso que ese bienestar.
Es de suma importancia, que miremos a
nuestro interior y determinar si somos de aquellos que estamos dispuestos a
crecer para Dios o seguir inmersos en la cómoda rutina del mundo, con una fe
raquítica que no nos deja estar listos para nuestro futuro eterno.
“Aunque la
higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el
producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean
quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me
alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación” (Habacuc
3:17,18)
REFLEXIÓN: La fortaleza de la fe se
dimensiona en el tratamiento de Dios!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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