Una de las expresiones más apreciadas
por el ser humano es la gratitud. Se siente algo extraño cuando alguien que
recibe algo de nosotros no agradece y aunque no debemos esperar retribución en
lo que hacemos, se siente bien recibir un “gracias”.
Si esto experimenta con un detalle,
mucho más grande debe ser el sentir de Dios de quien recibimos todo y al que no
vemos pero sentimos. Lo expresa claramente en la Palabra al escribir sobre la
necesidad de que todas nuestras oraciones vayan acompañadas siempre de acción
de gracias.
Por encima de todo lo recibido y tan poco
agradecido; tenemos de manera muy especial la Gracia con la que Dios nos trata.
Esto no es un favor, una obligación o un simple servicio de Su parte; por
Gracia recibimos la salvación y por ende la vida eterna.
Por Gracia recibimos la fe, el perdón,
los dones, la sabiduría y la provisión en todo sentido; son muchos los
beneficios recibidos en nombre de la Gracia de Dios y es de exaltarse que ésta
no es un simple regalo.
Cuando nosotros damos un regalo lo
hacemos con un motivo; un cumpleaños, un aniversario, la navidad, una
graduación o muchos otros motivos que implican la presencia del regalo.
Cuando el Señor entrega algo lo hace
sin ningún motivo a la vista; desde la misma creación Dios está entregando algo
totalmente inmerecido y observamos que Él va mucho más allá de un simple gesto
de desprendimiento; sino que da aún sin ser merecido.
Llega al extremo de dar a pesar del pecado inherente del ser
humano y esto es algo que obviamente nosotros no haríamos. Cómo premiar la
pataleta o la grosería de una de sus criaturas y seguir ahí para premiarla con
la salvación?
Las cosas de Dios son especiales y
hasta difíciles de entender; sólo sabemos que Él es Dios y que todo lo que no
cabe en nuestro entender habita en Él. Es por esto que encontramos en la
Biblia: “!!Cuán grandes son tus obras, oh Jehová!
Muy profundos son tus pensamientos.”
(Salmos 92:5)
Los pensamientos nuestros no son lo de
Dios; será que no debemos ser más agradecidos por la Gracia de Dios más de lo
que lo hacemos por un regalo de cumpleaños?. Sería bueno dimensionar en su real
proporción y alcance éste preciado don del Señor; con la elemental gratitud por
algo que nos ha hecho aceptos a pesar del pecado pasado, presente y futuro.
REFLEXIÓN: No agradecer a Dios por lo
recibido equivale a nacer de nuevo y no respirar!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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