Cuando se habla de oración en las
religiones tradicionales, suele confundirse con un rezo que no necesariamente implica
comunicación. Quisiera preguntarle si alguna vez a tratado de comunicarse con
su familia a base de frases prediseñadas y en una constante repetición de la
mismas.
Si la comunicación con su esposa o
hijos se hace imposible por esta vía, es de esperarse que con Dios no sea
diferente. Se trata como lo describe la Biblia, de unos ingredientes básicos
para lograr que ambas partes se comuniquen y en nuestro caso seamos edificados.
La Palabra menciona algunos de estos "ingredientes"
igualmente importantes, que son imprescindibles a la hora de orar y entre estos
tenemos: la adoración por cuanto nos estamos dirigiendo a nuestro Creador, la confesión
pues no estamos ausentes del pecado aún como creyentes, la acción de gracias que
siempre debe incluirse si tenemos en cuenta todos los favores que a diario
recibimos, una petición para que nos sujetemos a Su señorío y un sincero deseo de sometimiento
a la decisión final que Dios tome sobre lo planteado (1Timoteo 2:1; Filipenses
4:6).
Juan Bunyan, el conocido autor del
Progreso del peregrino, dijo una vez que: "En la oración es mucho mejor
tener un corazón sin palabras, que muchas palabras sin corazón". Palabras frías,
interesadas, egoístas, sin sustento bíblico, sin un corazón dispuesto, no son la
mejor forma de llegar delante del Señor (Santiago 5:16).
La oración no es una simple mezcla de
palabras que hacemos con el propósito de que sean escuchadas y respondidas por
Dios. La oración va mucho más allá de un pedir sin límite, que normalmente deja
ver el egocentrismo que nos caracteriza.
Es importante revisar lo que Dios está
haciendo con nosotros y a través de las cosas que permite en nuestras vidas. No
siempre lo que nos agrada o genera comodidad es lo mejor para nosotros.
Las piedras que se moldean en los ríos
por el constante actuar del agua y la fricción son las más hermosas. Si estas
no fueran tratadas por esos contantes golpes, serían ásperas y con aristas
dañinas para el que las toma.
Es por esto que orar, debe ser un
ejercicio de buscar la voluntad de Dios para nosotros y no un tratar de imponer
nuestra propia agenda “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues,
sobrios, y velad en oración” (1 Pedro 4:7). Es bueno recordar que
nosotros somos los creados y que debemos estar dispuestos a seguir las directrices
de nuestro Creador.
REFLEXIÓN: Quien moldea no debe esperar
instrucciones del moldeado!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN
REINA-VALERA 1.960 –
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