Días atrás reflexionamos sobre la importancia de la gratitud y reconocer un
gesto de desprendimiento o cariño. Hoy queremos ir más allá y ver que la
gratitud delante de los hombres es casi obligatoria; se hace por cortesía,
compromiso o por simple por miedo a perder algo.
En el caso de Dios el tema es
absolutamente opcional frente a la innumerable cantidad de bendiciones que nos
da y no acepta bajo ninguna circunstancia sacrificios de gratitud como parte de
un simple rito obligatorio.
El meollo del asunto está en el interior
del hombre; del corazón salen las actitudes del ser humano, buenas o malas. Despierta,
se levanta, desayuna, realiza las actividades del día cualquiera que éstas
sean, regresa a casa, cena y se acuesta a dormir sin tener presente quién permitió
todo esto.
Muchos por ignorancia o la pereza de
doblar rodilla unos minutos para agradecer. En los rituales ordenados por Dios
a su pueblo existe uno que tiene que ver con agradecer “…para
alabar y dar gracias, conforme
al estatuto de David” (Nehemías 12:24). Ya no es el tiempo de la ley, sino
el de la Gracia que se recibe a través de Cristo, pero el creyente también está
llamado a llevar una ofrenda de gratitud delante de Dios.
En algunas doctrinas se plantea como
algo obligatorio y no como ofrenda; recurriendo a la mención del Diezmo del
Antiguo Testamento; no obstante todo radica en la manera como llevamos nuestra
ofrenda para Dios y su Obra.
Lo hacemos con gusto o porque nos
sentimos obligados con la congregación o el pastor. La gratitud comienza en lo
más profundo del corazón y recuerde amigo, que Dios tiene la lectura perfecta
de lo que pasa en el suyo; sus pensamientos e intenciones más básicas son de Su
conocimiento.
No importa si la señal de Wi-Fi está
bajita, esto no obsta para que el Señor Omnisciente que tenemos sepa lo que
hicimos, lo que hacemos o lo que planeamos hacer. Es de recalcar, es que si
vamos a llevar algo delante del Señor, debemos no sólo contemplar que sea una
ofrenda agradable para Él, sino que la intención con la que la llevamos sea la
adecuada “Perseverad
en la oración, velando en ella con
acción de gracias” (Colosenses
4:2).
No con una carta debajo de la mesa
como lo enseñan muchos en dar para cosechar y que entre más se da, más dará
Dios. Con esta breve reflexión,
podemos ver que éste distorsionado principio queda sin piso alguno.
REFLEXIÓN: Si va a decir gracias por
interés o sin genuina gratitud, mejor quédese quieto!
REFLEXIÓN
QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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QUE DE GRACIA RECIBE!
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