En estos tiempos de escepticismo total
y en los que se cree más en cualquier charlatán con sus conferencias de
superación que a la Escritura, es interesante recordar cómo Dios escucha a sus
hijos y hace cosas imposibles para el hombre común.
Hablar de que un hombre como nosotros, pero obediente,
en Gracia delante de Dios y con un corazón dispuesto pudiera hablar a la
naturaleza y se le permitiera detener el sol es algo asombroso “Entonces Josué habló a Jehová el día en
que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en
presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón; Y tú, luna, en el valle de
Ajalón” (Josué 10:12).
Detener a un animal con sólo emitir una instrucción
está dentro de lo posible; lo vemos en un circo, el zoológico y hasta lo vivo
en casa cuando llamo a nuestro Beagle tricolor. Pero decirle al sol detente en
un lugar específico y a la luna algo similar está fuera de toda lógica humana”Y el sol se detuvo y la luna se paró,
Hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos. ¿No está escrito esto en el libro de Jaser? Y
el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día
entero” (Josué 10:13).
Esto sólo cabe en la mente y corazón
de los que confiamos en el Señor; sólo una fe sólida en estos tiempos, hace concebible
este tipo de eventos y evidenciarlos en nuestras vidas. Tal vez no estemos deteniendo
el sol o abriendo el mar, pero Dios hace cosas realmente milagrosas en nuestro
diario vivir.
La sola posibilidad de la vida o la
salud hacen la diferencia y más para aquellos que están recluidos en una cama
de hospital; Quien hace esto es sin duda el mismo Señor que lo hizo con Josué. La
verdad es que como creyentes genuinos no necesitamos ver milagro alguno, sólo
nos basta saber y tener la seguridad de Aquel en quién hemos creído.
La vida y futuro de la Iglesia está
basada en la fe y no en pruebas de lo que Dios es o hace. En tiempos de Jesús
los religiosos las pedían a pesar de tenerlas frente a ellos; no creyeron y por supuesto Él se les negó por
la dureza de sus corazones.
No permitamos que la dureza de nuestro
corazón, nos margine del privilegio precioso de creer y afirmarnos en esa fe
que Dios nos da. Por esa dureza de corazón, vemos al hombre pobre o acaudalado proveedor
de su condición; vemos al joven comenzando a vivir, con unos parámetros tan frágiles
que lo llevan por la droga, el alcohol o el sexo.
Una fe en Jesús, en Dios y su Palabra,
estable y que se fortalece día a día, será la que guarde al hombre joven o
adulto a ser guardado del mundo y su final inminente.
REFLEXIÓN: El Todo poder de Dios se
muestra en el corazón sencillo del hombre!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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