Todo en los procesos que inicia Dios
con su pueblo tienen un derecho, un orden y lo que Él comienza, Él mismo lo termina.
Cuando el Señor decidió sacar a su pueblo de Egipto, no fue sin una previa
etapa de salvación física frente a la escasez de alimento en la tierra, como
tampoco lo fue antes de escuchar su clamor con la esclavitud.
Recordemos que Jacob llegó a esta
tierra con un grupo de setenta personas, integrado por sus mujeres y la prole
de diez de sus hijos. Benjamín todavía no tenía familia y José ya había sido
llevado previamente para cumplir con su
misión en éste proceso.
Dios tiene el control absoluto de todo
tanto en los hombres como del universo; Él ya sabía de la hambruna que venía y
por esto envió a José delante de ellos. No en las mejores circunstancias, pues
recordemos que fue vendido como esclavo a unos mercaderes y tenía que formarlo
previamente; finalmente lo dejaron en tierra de Egipto y con un alto oficial
del gobierno.
Ninguno de ellos estuvo cerca de
imaginar los planes de Dios y esto lucía más a desgracia que a bendición; pero
lo que sí es claro y lo dice la Biblia, es que Jehová estaba con José en todo
esto.
Dejando esta parte de la historia,
vemos cómo utiliza a otro hombre, a Moisés y en otra parte del proceso; Dios
dispone que sea formado como hijo del rey, lo lleva a la universidad de la vida
con su tío y luego lo lleva al desierto con el pueblo.
Es claro que la decisión era tenerlos
allí hasta que muriera esa generación incrédula y desobediente. La dureza de
corazón frente a tantos hechos sobrenaturales de parte del Señor, hizo que no fueran
dignos de entrar en la tierra prometida.
Salen de un país ya no en abundancia,
sino destruido por la mano de Dios frente a la obtusa posición de su rey; no
obstante desearon regresar. Obviamente Dios también estaba ahí y esto hace la parte
más importante de los viáticos para el viaje de Israel a su destino.
Salir de una tierra relativamente
fértil todavía a un desierto, es otro de los maravillosos designios de Dios y
reiteramos que lo que parece un castigo, en casos como este siempre está
controlado para bendición.
El Señor hizo provisión de maná, agua
o carne en un terreno totalmente estéril y no permitió que les faltara hasta
que llegaran a sus tierras. Sólo cuando comenzaron a comer de la tierra
prometida, paró el alimento provisto por Dios:
“Y el maná cesó el día
siguiente, desde que comenzaron a comer del fruto de la tierra; y los hijos de
Israel nunca más tuvieron maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de
Canaán aquel año” (Josué 5:12).
Ya no eran los setenta que llegaron de
Canaán, cuando se hizo el censo en el desierto frente al monte de Sinaí, sólo
los contados mayores de veinte años y aptos para la guerra sobrepasaban los
seiscientos mil varones; si contamos niños, mujeres y ancianos era un pueblo
muy grande; pero nada les faltó.
De todo esto hay dos cosas, una que lo
que luce a nuestros ojos como una desgracia, siempre está bajo el control y
orientado por Dios para bendición; otra que Él nunca deja nada a medias, que lo
sostendrá en el proceso y que lo que usted apreciado lector como hijo de Dios puede
estar viviendo ahora, no está fuera de los planes perfectos de Él.
REFLEXIÓN: El poder control de los
designios de Dios siempre sobrepasa la mente del hombre!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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