Cuando se habla de la restauración de
la salud física en las personas, se recurre a los medios que el mundo ha
desarrollado. Obviamente ahí está presente Dios, que ha dado el conocimiento a
los hombres y hoy tenemos administradores, ingenieros o los médicos que se
ocupan de diversos menesteres.
Es bíblico y además legítimo para el
creyente o para el incrédulo, acudir a estas herramientas y aunque es una
opción, es también importante reconocer que es el mismo Señor el que permite o
no todo en el ser humano “Ved ahora que yo, yo soy, Y no hay
dioses conmigo; Yo hago morir, y yo hago vivir; Yo hiero, y yo sano; Y no hay quien pueda librar de mi
mano” (Deuteronomio 32:39).
Lo que no es indicado, es depositar toda
la esperanza en estos instrumentos de la ciencia, que aunque adelantada hoy por
hoy, no pasa de ser algo totalmente falible como lo es el mismo ser humano.
Tal y como lo muestra el verso de
Deuteronomio, en primera instancia Dios se muestra como lo hizo con Moisés,
como el único y el “Yo soy”. Luego nos deja ver que no hay más dioses delante
de Él o que compitan con Él; que Él es quien da o quita la vida, que Él es
quien permite o no las enfermedades y las sana; por último que no hay quien
pueda sustraerse de su perfecta voluntad.
No tenemos que ir más lejos para ver
una realidad que nos afecta a todos, lo interesante de esto, es tener el deseo
profundo en el corazón para entenderla. Tanto se ha alejado el ser humano de
Dios, que está totalmente ausente de las verdades básicas de la Biblia.
Lucha en primera instancia con los
síntomas, con el qué será lo que tiene; luego entra en una etapa de digerir el
diagnostico entregado, a veces es acertado y otras no; sigue con las opciones que
implican tratamiento, cirugía o simplemente esperar; pero con el que no cuenta
es con el Hacedor de la vida.
Tal vez se contemple un rezo como
último recurso y esto cuando el médico ya no da solución; un reclamo a Dios expresado
en un porqué a mí; pero no se conforma con hacer y vivir la voluntad del que lo
creó.
Obviamente no es un proceso fácil, lo
decimos con temor y temblor, pues no sabemos cuál va a ser nuestra respuesta a
lo que permita Dios en nuestras vidas; pero lo que sí queda claro, es que el
único de quien se puede esperar algo, vida o muerte, salud o enfermedad, es del
soberano Dios que nos rige.
Tanto desde la incredulidad o como
parte de la iglesia de Cristo, estamos llamados a acudir primeramente a Dios, a
aceptar con gratitud Su voluntad cualquiera sea y a esperar en Él.
REFLEXIÓN: De Dios está lo que somos o
no!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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