jueves, 14 de junio de 2018

LA CORRECTA LECTURA


Cuando se habla de la restauración de la salud física en las personas, se recurre a los medios que el mundo ha desarrollado. Obviamente ahí está presente Dios, que ha dado el conocimiento a los hombres y hoy tenemos administradores, ingenieros o los médicos que se ocupan de diversos menesteres.
Es bíblico y además legítimo para el creyente o para el incrédulo, acudir a estas herramientas y aunque es una opción, es también importante reconocer que es el mismo Señor el que permite o no todo en el ser humano “Ved ahora que yo, yo soy, Y no hay dioses conmigo; Yo hago morir, y yo hago vivir; Yo hiero, y yo sano; Y no hay quien pueda librar de mi mano” (Deuteronomio 32:39).
Lo que no es indicado, es depositar toda la esperanza en estos instrumentos de la ciencia, que aunque adelantada hoy por hoy, no pasa de ser algo totalmente falible como lo es el mismo ser humano.
Tal y como lo muestra el verso de Deuteronomio, en primera instancia Dios se muestra como lo hizo con Moisés, como el único y el “Yo soy”. Luego nos deja ver que no hay más dioses delante de Él o que compitan con Él; que Él es quien da o quita la vida, que Él es quien permite o no las enfermedades y las sana; por último que no hay quien pueda sustraerse de su perfecta voluntad.
No tenemos que ir más lejos para ver una realidad que nos afecta a todos, lo interesante de esto, es tener el deseo profundo en el corazón para entenderla. Tanto se ha alejado el ser humano de Dios, que está totalmente ausente de las verdades básicas de la Biblia.
Lucha en primera instancia con los síntomas, con el qué será lo que tiene; luego entra en una etapa de digerir el diagnostico entregado, a veces es acertado y otras no; sigue con las opciones que implican tratamiento, cirugía o simplemente esperar; pero con el que no cuenta es con el Hacedor de la vida.

Tal vez se contemple un rezo como último recurso y esto cuando el médico ya no da solución; un reclamo a Dios expresado en un porqué a mí; pero no se conforma con hacer y vivir la voluntad del que lo creó.
Obviamente no es un proceso fácil, lo decimos con temor y temblor, pues no sabemos cuál va a ser nuestra respuesta a lo que permita Dios en nuestras vidas; pero lo que sí queda claro, es que el único de quien se puede esperar algo, vida o muerte, salud o enfermedad, es del soberano Dios que nos rige.
Tanto desde la incredulidad o como parte de la iglesia de Cristo, estamos llamados a acudir primeramente a Dios, a aceptar con gratitud Su voluntad cualquiera sea y a esperar en Él.
REFLEXIÓN: De Dios está lo que somos o no!
REFLEXIÓN QUE  CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
¡COMPARTA DE GRACIA, LO QUE DE GRACIA RECIBE!
Síganos en Twitter:  @ReflexionBi