A lo largo de la historia el pueblo de
Dios ha sido diferente; distinto por que el mismo Señor lo llamó, escogió y
apartó de los demás pueblos de la tierra con un propósito especial. Llamó a
Abrám, lo sacó de su tierra y parentela para formar algo nuevo y así sustraerlo
de las costumbres paganas que ya se practicaban entonces.
Comenzó por cambiar su nombre y lo
llamó Abraham, le dio nuevos parámetros y lo mando a caminar rectamente delante
de Él. Que privilegio ser llamado por el Creador y por supuesto ser objeto de
Su cuidado y provisión.
Luego y con la venida de Cristo se
generó otro llamado orientado a los que somos diferentes a los judíos. Los
gentiles, nuestra vida está regida por normas especiales basadas en la ley y que
fueron confirmadas por el Salvador.
Ahí seguimos siendo diferentes al
resto del mundo que no ha aceptado a Cristo; se nos mira como a seres extraños
que van por donde van todos los demás y en algunos círculos se nos margina o
persigue.
Somos descritos como personas que no
beben, no fuman o ingieren drogas, y la verdad nos hemos encasillado de tal
manera que pareciera que éstos, son los principios básicos del cristiano.
Nada más lejano de la realidad bíblica
para el creyente y por supuesto esto está basado en la falta de conocimiento
del incrédulo. Lo que sí cuesta trabajo creer, es que el creyente mismo lo
acepte y no vaya más allá de esto que se ha convertido en un estigma “Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo
especial, más que todos los pueblos
que están sobre la tierra” (Deuteronomio 7:6).
Ser cristiano es mucho más que
sustraerse de ciertos pecados convertidos en hábitos para la sociedad. Se trata
de buscar una santidad bien entendida frente al Señor y no una santurronería
delante del mundo.
Si por eso fuera y con todo respeto lo
decimos, el representante más fiel de un cristiano en casa sería el perrito.
Este canino no fuma, no bebe o ingiere drogas y definitivamente no hace muchas
cosas de las que el incrédulo y aún el “creyente” practican.
El hombre común vive el pecado con
tanta naturalidad que se ha convertido en su forma de vida. Un tipo de vida del
cual le es muy difícil sustraerse y prefiere negar a Cristo, que comprometerse
a retirar esto de su día a día.
Esto no sólo tiene que ver con lo que
es considerado pecado en los ejemplos mencionados. Se trata del religioso también, aquel al le es
difícil dejar sus tradiciones por la verdad bíblica y rechaza al creyente a
quien considera apartado del camino por intolerante.
Ser cristiano y vivir como un pueblo
diferente, con a un llamado de parte de Dios va mucho más allá de no fumar,
beber o drogarse; es contemplarlo en cada uno de nuestros caminos. No sólo es parecer
un santo llamado y apartado por Dios, o ser recto hasta donde nos ven; es
mostrar la santidad como el deleite y objeto de nuestras vidas.
REFLEXIÓN: Si por abstenerse de beber,
fumar o drogarse se fuera al cielo, el reino animal iría adelante!
REFLEXIÓN QUE CAMBIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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