jueves, 5 de abril de 2018

NI EL OLOR


Cuando Dios permite la prueba a sus hijos, pueden parecer situaciones difíciles, pero el control de parte suya es total Y se juntaron… para mirar a estos varones, cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían” (Daniel 3:27).


Daniel tuvo que defender sus principios a toda costa; la vida misma estaba dispuesto a dar por lo que consideraba recto delante de Dios. Desde que llegó a Babilonia se propuso en su corazón no contaminarse y lo logró con Su ayuda.

Será que esta clase de vida está demasiado lejos de nosotros como para que no estemos en la capacidad de vivirla hoy. Las condiciones reinantes del mundo y guardadas las proporciones no distan mucho de las que rodearon a este varón.

Dios no ha cambiado ni sus preceptos tampoco, pero la iglesia sí y lo vemos en la complacencia frente a los cambios en principios básicos de la Biblia y en la tolerancia con el pecado. Se casan, se separan, vuelven a tener novia en la comunidad, se vuelven a casar y hasta se les permite servir.

Cuántos de nosotros estamos dispuestos a dar la vida por el Señor. No muchos, lo decimos con temor y temblor, pues el panorama bíblico nos muestra inminentes cambios en el mundo y entre ellos una persecución similar a las que sufrió la iglesia primitiva.

El relato nos dice que Daniel y sus amigos fueron echados en un horno ardiendo y que fue calentado mucho más de lo habitual dada la gravedad de su falta. Tanto que al momento de ser echados, los vigorosos soldados que les llevaron se quemaron vivos.

La vida de la iglesia de hoy es muy cómoda, tanto que hasta tiempo para pecar se tiene de forma desvergonzada. Muy propio de la iglesia Laodicense que describe la Palabra, que crece sin contemplar siquiera el volver a las doctrinas bíblicas.

Lo cierto es que en tiempos de Daniel, el respaldo de Dios a los hombres santos era total, se vio cuando salió totalmente ileso y por que ni siquiera “olor a humo” había en sus ropas. Esta clase de testimonios transforman vidas y es así como el rey decretó respeto al Dios de Daniel.

Encontramos que es el mismo respaldo para la iglesia de hoy, sólo falta ver si hay hombres y mujeres de las mismas características de Daniel en santidad.

El olor a santidad es tan fuerte que no admite ningún otro olor en un genuino hijo de Dios, no obstante es tan escaso en la iglesia presente,  que se puede confundir con cualquiera de los perfumes del mundo

REFLEXIÓN: El olor a quemado de la ropa, será inversamente proporcional a la santidad!

REFLEXIÓN QUE  CAMBIA!

- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –

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