Una vez que hemos llegado a la Iglesia de Cristo, una vez que le hemos aceptado como nuestro Salvador, una vez que hemos entrado a ser parte de la familia de Dios, es importante hacer, decir y pensar como Él piensa.
Muchos dirán que no tienen la suficiente información o formación para hacerlo, pero la sabiduría para lograrlo esta disponible para todos “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” (Santiago 1:5).
Es solo que en muchos casos no disponemos realmente el corazón para hacerlo “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Santiago 1:6).
El asunto está en vivir sabiamente y no quedarnos dormidos en el disfrute de esta nueva vida; sino entrar a ser canales de bendición para otros. Y entre esto encontramos el servicio que sin ser para hombres, sino para Cristo, debe convertirse en una prioridad.
El Señor tiene una tarea específica para cada uno de sus hijos, tanto jóvenes como adultos mayores, y entrega dones igualmente particulares para que podamos servir. Lo que sí espera de nosotros es la disposición, y recibir el encargo en donde y con quien se nos diga.
Pecar no sólo es privilegio del incrédulo, lo hace el creyente sigue fallando, sólo que con la capacidad de arrepentirse y ponerse a cuentas con Dios. Es muy fácil blasfemar contra Dios en una mala forma de servir.
Un día nos encontraremos con el Señor, y sabremos la clase de siervos que hemos sido. “…y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras” (Apocalipsis 20:12). Desde el que barre el templo con desidia hasta el predicador que se apropia del ministerio tienen mucho que decir.
La verdadera prueba de madurez del creyente, se encuentra en la capacidad de hacer lo que Dios le ha encomendado sin cuestionamientos. El Señor tiene la lectura perfecta de cada corazón y en su momento lo premiará o le reprochará.
Podemos adornar la Obra con nuestra obediencia o blasfemar como hemos dicho con nuestra rebeldía. Podemos ganar al incrédulo para Cristo o vacunarlo de por vida hacia el cristianismo.
Como en la vida secular el ejemplo arrastra en el hogar, en el trabajo, así pasa en la Obra de Dios. Nada puedo esperar de mi vecino si vivo como un necio, y más cuando nos autodefinimos como creyentes, pero vivimos como lo contrario.
REFLEXIÓN: Solo el que muestra realmente a Cristo en su vida puede llamarse creyente!
LA REFLEXIÓN ES PARTE DE LA VIDA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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