Siempre que pensamos en la posibilidad de que una persona llegue a los pies de Cristo, lo hacemos en términos de creer, de poner su fe y confianza en el Salvador, pero cuando nos detenemos en lo que representa la vida del creyente es diferente.
En reflexiones anteriores, hemos hablado sobre el pequeño y a la vez gran paso que implica creer. Uno como creyente lo ve allá muy atrás, con gratitud y hasta puede pensar que fue fácil, pero no. El Señor nos da todo comenzando por esa fe, pero debemos estar dispuestos.
Y regresando al tema que nos ocupa hoy, una cosa es recibir al Salvador y una muy diferente mantenerse en la vida como un creyente genuino. Por esto días me encontraba orando y pidiendo a Dios ayuda para concentrarme en la forma de agradarle.
El Señor ha sido muy, pero muy fiel a pesar de mi condición de “pecador arrepentido”; todos los días se lucha con un pecado diferente y hasta con algunos recurrentes por lo proclives que al mismo somos.
Por la Gracia de Dios no somos en casa, de los que se conforman con el mensaje del domingo, tenemos la fortuna, la bendición de vivir en un país donde no se nos niega la Palabra.
Todos los días escuchamos mensaje y hasta tenemos el privilegio de participar activamente en mensajes que edifican a otros de parte de Dios. No nos conformamos con el caldito del fin de semana; sino que nos alimentamos a diario.
En otras ocasiones hemos comentado, lo difícil que sería para usted o para mí, almorzar una sola vez a la semana. Con toda seguridad que estaríamos desmayados a mitad de esta y camino a un hospital.
No sabemos cómo subsisten los creyentes de domingo, los que pasan años calentando bancos en los templos “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.” (Hebreos 5:12). El mundo es su provisión durante la semana con su correspondiente resultado.
Esta es una responsabilidad personal y que no sólo depende de Dios, del pastor o del líder, es una de carácter personal y por supuesto no espere competir y ganara en una maratón si no se alimenta y se prepara juiciosamente.
La guerra espiritual es un tema diario y la única forma de sortearla, es aferrados a la Mano y Palabra de Dios.
REFLEXIÓN: El que no se alimenta muere, o cree usted que si no come hoy llegará a mañana?
LA REFLEXIÓN ES NECESARIA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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