Dentro de la perfecta creación de Dios, encontramos ejemplos maravillosos de fortaleza y longevidad. Estamos hablando del reino vegetal y muy concretamente de una variedad de arboles. “El Nogal”. Este es un fiel exponente de estas características y reconocidos especialistas del mundo, han encontrado especímenes que alcanzan hasta los 5000 años de vida. Increíble!
Esta condición de longevidad, hace pensar que han presenciado un amplio escenario en la vida de la tierra y que cuando el señor Jesús estaba naciendo en Belén hace casi dos mil años, estos ya eran arboles maduros en América del norte. Inclusive, cuando Nabucodonosor por disposición de Dios, estaba llevando cautivo al pueblo de Israel, estos ya estaban y que cualquiera de estos personajes bíblicos hubiera podido guardarse bajo su sombra si hubieran vivido en esta parte del nuevo mundo.
Implica también, que han pasado por una serie de violentas transformaciones en el clima de la tierra y más cuando hablamos que estos suelen habitar sitios que sobrepasan los 3000 metros de altura. Una cosa es vivir al nivel del mar; pero una muy diferente lo es a 3000 o más. Frio, nieve, viento, lluvia, avalanchas y otras condiciones asociadas a estas latitudes.
Sin embargo esto tiene su bendición y esto es lo que espera Dios en nuestro proceso de transformación y fortalecimiento en la vida espiritual “cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:2-4)
Tiempo atrás hablábamos que la fortaleza es proporcional al entrenamiento que recibimos y que el raquitismo lo es al sedentarismo. Sólo cuando enfrentamos adversidad, tristeza, alegría, dificultad, gozo, rechazo, lealtad, traición, verdad, mentira y este tipo de manifestaciones del mundo que nos rodea, podremos ser ejercitados y fortalecidos. Así como el nogal se ha establecido en condiciones inhóspitas y ha sobrevivido, el Señor también espera algo similar de nosotros “sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza“(Romanos 5:3,4)
Dios no solo espera que salgamos fortalecidos, sino que nos gocemos en el proceso: “nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones” (Romanos 5:2,3), en la seguridad, de que sólo así podremos llegar a la meta.
PREGUNTA: Qué tanto se goza usted del tratamiento?
MEDITELO Y DECIDA!
- REFLEXIÓN BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –