En alguna oportunidad lo comentamos y a propósito del tema de las últimas reflexiones, es bueno recordar, que de nada somos merecedores, que estamos totalmente desprovistos de la condición original de perfección con la que fuimos creados, y que por el contrario nuestra situación delante de Dios como herederos de Adán es la peor.
Así le duela reconocerlo al ciudadano del común, la forma de vida de la humanidad entera esta totalmente condenada. No importa si se es religioso, altruista o un delincuente de cuello blanco.
Todos los incrédulos (gentiles) están muy lejos “…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Esto debería bastar para buscar juiciosamente una solución.
Es ahí donde está el meollo del asunto, y muestra la clara diferencia entre lo que se merece y lo que no. De acuerdo a lo mencionado antes, nuestra condición de naturaleza caída no da más sino para un castigo.
No obstante, misericordia de Dios impide que recibamos lo merecido en la persona de Cristo, y nos guarda de recibir lo que merecemos. El Señor cargó en Su ser todo lo que nosotros debíamos recibir.
Él pagó la deuda de nuestra condición y de todo el pecado que se ha convertido en una forma de vida para humanidad entera. Él se hizo cargo de algo que no le tocaba, por puro amor y compasión hacia la humanidad que le rechazó y que aún lo hace.
En algún momento hablamos de alguien que viene y gira un cheque que cancela todas nuestras deudas. A cuento de qué?. Esto sólo lo puede hacer Dios en su infinita misericordia frente a nuestra desobediencia.
Pero esto no se queda ahí, ahora hace presencia la Gracia, que nos permite recibir lo que no merecemos “…siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24). Una cosa es la misericordia que nos guarda de recibir lo que merecemos y otra la Gracia que nos permite recibir lo que no merecemos “…tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca” (Romanos 9:15).
Como todo en Dios, se trata de la conjugación de dos palabras cercanamente antagónicas y que hacen la diferencia para todos aquellos que creen en Cristo.
Que usted sea de los que se han hecho acreedores de tan magnifico regalo, ya que los que no, estarán perdidos sin la Gracia y la misericordia que desde siempre ha ofrecido Dios en Su hijo Jesús.
REFLEXIÓN: En ninguna otra parte se conjugan están palabras tan alentadoras para la humanidad!
LA REFLEXIÓN ES PARTE DE LA VIDA!
- BASADA EN LA VERSIÓN REINA-VALERA 1.960 –
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